HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He hablado con mi viejo y me ha hecho reír a carcajadas.
No me presento como escritora ni poeta, a nadie. Porque me parece algo de mal gusto y me da vergüenza. Prefiero presentarme como vagabunda. Pero cuando hablo con mi viejo, muchas veces le digo, que eso me pasa porque soy poeta.  Se lo digo como excusa a todo. Como excusa a no trabajar, a tararme de alcohol y de fiebre, a sufrir de amor, de aullido, de deriva, de Faunos, de desolación, de sin sentido, de éxtasis, de desorden, de abandono contra lo material, de amores idealizados e imposibles, malditos,  de lo maníaco, de la múltiple identidad, de la fe y de los caballos del apocalipsis, de irracionalidad, de vehemencia, de estampida, de lo voluble, de no tener patria, ni futuro. Y la cosa es que cuando se lo digo, me lo creo a fuego y entonces me encaja todo, en la brecha de la hoguera.

Creo que siempre fui una lunática, soñadora, idealista, enamoradiza. Luego las ostias de la humanidad, me hicieron a ratos violenta, extremista, perruna, triste, misántropa. Y el paso de los años, los manicomios, las pérdidas, las playas de Barcino, me hicieron una desheredada y un bicho a punto de extinguirme, ebriamente desconsolada del amor, incendiadamente sola de los humanos por haber alguna vez volado con Faunos y otros universos. Por haber vivido lo extraordinario aunque fuera en la locura. 

Cuando amé a un hombre, nunca fue un hombre en mi corazón, fue un ejército, un héroe, un mago, una criatura que no era mortal. Por eso nunca pude sostener la mano del amor, excepto en mis viajes por otros planetas. Por eso me llegó la muerte al lado del beso.

Y ésta forma de ser ya no tiene arreglo. Creo que moriré como he vivido, en el fuego. Creo que mi locura tendrá a bien regresar para acabar mi vida en la tierra.

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