HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He hablado con Yos. Al pio pio. Tal vez venga para otra semana. Hemos planeado ir a una zona del río donde hay varios kilómetros que se pierden en el monte. Llevar la merienda y pasar toda la tarde entre el amor y el olvido. Desnudos por la hierba. Al haber amado a Ab. descubrí que entre Yos y yo, hay otra cosa distinta, otra cosa que vaga, que se parece a veces al amor, pero es más profano, más abandonado y ansioso, más de mandriles y moras, pinchos y punk. Pero es amor. El amor es cubismo. No es una maquinaria exacta. Es movimiento. No es ancla. Es lucha compartida y no seguridad ni nido. Porque el yo es éter. Y su individualismo canta a solas con la luna, en busca del arma y de la mar más inmensa, en busca de desaparecer en el orgasmo de todo el universo. El éter va siempre sólo, centrífugo y centrípeto al todo y la nada. Por eso el amor es la osadía de la sinergia. La ruptura del espejo y de la trampa y del abismo, entre el yo y el tú, pero dentro de un teatro mucho mayor. Donde hay muchos amores que se reproducen y se comunican con rizomas y con anarquía. 

El amor romántico hizo mucho daño a los nociones del amor. Porque el apego, es algo enfermizo. Esa linealidad proviene de los sistemas binarios y capitalistas.  La cultura nos hace alguien continuamente necesitados y sedientos, compradores, obreros de la eterna brecha, y  ese grito taladrado por las fábricas y cultura, nos hace ir al amor como un agujero negro y enredarnos al otro con angustia y paranoia monogámica, con sentido de la propiedad. E insaciablemente se espera que el otro cubra las necesidades existencialistas que han llegado con perpetuidad como el hambre hasta que no se reviente del todo la maquinaria del siglo XXI y todas sus costumbres.

El amor real, es libre o no es amor.

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