HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He quedado en un rato con éste colega del pasado. Llevo unos días antiescritura. Creo que ha sido la sacudida del espacio y la regurgitación de los lugares del éxtasis sobre los puntos suspensivos de una maleza en llamas. No me acostumbro del todo a estar sola. En el fondo no quiero escribir, no quiero contemplar, ni estudiar la psique, ni el murmuro. Quiero actuar el fervor del teatro. Desatarme. Barriobajar mi tráquea y mi sombra, desnutrir la distancia con la luna, avalanchar la desnudez y lo libre.

Al menos ahora ya tengo un lugar por el que luchar. Un albergue. Crear un refugio de nómadas y antisistema, tener huertos, y hacer que las monedas sólo sean nómadas y nunca se queden ni nos corrompan. Compartir. Luchar por un plural en rebeldía.

A mí el estado me paga por loca. Por eso todo lo que yo tengo es una patada en la calle. Puedo decir que a mí el sistema capitalista no me ha explotado jamás ni ha sacado de mí nada más que una deuda. Y para mí mi deuda es vino tinto. Es jódete país, jódete banca. Y no es por ser vaga y maleante. Es por romperme el corazón contra un muro y haber sobrevivido y bailado con la piedra más dura la noche más hermosa y larga. Es porque alguna vez cercenaron mi libertad. Es por haber defendido el poema. Para mí es justicia poética. Y aunque yo no esté enferma y "a mí sólo viene a verme la gente sana", robar a un estado capitalista siempre es devolver. Otra cosa sería si se tratara de comunismo o anarquismo. En el anarquismo está obligada la decencia, la honestidad, la bondad y la belleza. En el sistema capitalista lo obligado es el ataque-defensa.

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