HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La reconciliación, dejó la brecha.
Mi herida siguió sangrando. Mi grito se quedó en mi pecho. Me retumbó otra vez la fuerza de los mares.
Él lo centró todo en la lesión que le había hecho y sus motivos.
Pero yo la lesión se la había hecho, porque mi corazón ardía de la brecha, del hambre, de los moratones, del opio, de la incomprensión, de la rabia de que él no lo tocara, a relincho de mi dadá, de mi sangre, contra el puto civismo, contra la sequía de la humanidad, contra las costumbres. A favor del Fauno fue que lo ataqué.
Y aunque me engañe a veces la poesía. Y ella quiera manipular los hechos en favor de la luna.
La realidad es que estoy muy sola al lado de él.
Por eso me puso tan triste y febril nuestro reencuentro.
Había levantado una ruptura, porque estaba harta de morir de opio. Y era un grito de libertad y lobos.
Y al reencontrarnos, volví a morir de opio. Suicidé mis motivos de mandarlo todo al fuego y empezar libres de fuego. Porque lo quise otra vez. Porque me embriagué otra vez de la ebriedad. 
Porque la poesía me engañó. Me engañó la carcajada del vino. La carretera en llamas. La flor alucinógena. Mi jodido corazón de quijote loco y suicida. El calambre de llama en la vagina. La droga.
Y por eso estoy triste.
Porque estoy aún más perdida que cuando habíamos acabado la historia.
Cuando habíamos acabado la historia, yo tenía a mi loba.
Ahora, en estos puntos suspensivos, tengo a un chingo enyerbado y delirante.

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