HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo que hoy me encadena es lo que alguna vez me liberó y es la escritura.
La escritura me hace individualista, egoista, solitaria, autista. Me separa del acto, me separa del amor, de la mar, del fuego corrosivo, invasivo, subversivo de la vida. Me hace tener un ordenador, usar internet, necesitar la luz eléctrica. Me hace pensar, volar de humo, introspectarme de cangrejos ermitaños y ceniza. Me hace estar tan jodidamente sola, en lugar de estar planeando con compañerxs como hacer un escándalo público que sea verdaderamente poesía y no putas palabras y teorías.
Ya no me gusta nada la escritura, escribo porque mis compañerxs están lejos, porque no soporto soportarme a solas cuando no escribo. 
Mi sueño es un día vivir con muchxs compañerxs libres y salvajes. Donde mis palabras no sean mis palabras. Donde el plural sea un ebrio rizoma. Donde mi cuerpo no sea mi principio ni mi fin. Donde tengamos muchas armas y motivos, para defender la vida, hasta el fin de todos los mares. 
La escritura se ha hecho mi veneno. Porque es una coartada para no habitar ningún mundo, para que todo me la sude, para que no me eche al abordaje. Porque me hace morar un mundo paralelo atravesado por un ornitorrinco. Porque es un agujero temporal. Un antiespacio. Porque me ofrece millones de sensaciones que no comparto con nadie, y Alicia se desquicia.
Ya no quiero escribir. Quiero que alguien me corrompa el corazón lo suficiente para ser libre como una manada de tigres y ya nunca volver a ninguna casa, ni escritorio, ni país.  Sé que debería hacerlo yo sola, coger e irme. Pero a veces me siento flaca y necesitaría un compañerx que vocalizara muy hondo las olas de la mar a mi lado, durante un tiempo, hasta que me haga del todo al fuego. Aunque tal vez, esos compañerxs sólo me los encuentre en el viaje, cuando queme del todo mi casa, cuando arriesgue todo por un sueño y la vida.
Ya no me sirve para nada lo que hace unos días me servía.

La poesía debe ser un acto revolucionario y no un libro.
Comunista-libertaria y no con derechos de autor y nombres y apellidos. 
Las palabras son éter y son rizoma.
Somos una mierda comparado con las estrellas y con la muerte, como para creer que algo de lo que salga de nuestro ombligo vale para algo por sí mismo.
Todo lo que vale, lo vale por la comuna y por la rebeldía. 
Somos etéreos, vagabundos, mortales. Somos mucho menos que la ceniza, sin el amor y la lucha compartida.
Nuestra puta historia, nuestras neuras, nuestras aventuras y desventuras, son sólo un centímetro del teatro y el embudo va a dar al fuego cósmico y no a nuestra carne.
Nuestra vida importa una mierda. Lo que importa es juntarnos muchas vidas y volar sobre la luna contra el criminal capitalista.

Ya escribí miles de páginas al jodido agujero negro de mi ombligo.
Y no encontré nada. Palabras vomitadas que se tragó la hoguera y no dejó ni la risa de la rata.
Me metí hacia dentro en busca de Evaristo el Rey de la Baraja, pero dentro, sólo hay un muro de llamas y una brecha y el hambre y el tormento y el azufre y el dolor y la sombra y la rechingada.
Hacia dentro triste teatro.
Pero hacia afuera, viven miles de universos.

Lo supe, porque conocí el amor.
Lo supe porque fui muy feliz y libre.
Lo supe porque no escribí las mierdas que escribo ni me dolió no hacerlo.


Yo quiero quemar del todo mi escenario y vivir como una bruja sobre la escoba barriendo la mierda de la civilización y prendiéndole fuego.

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