HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto. Soñaba algo que no recuerdo con nitidez, pero era algo sobre Yos, un espacio entre nosotros donde no llegaba el amor, en el sueño había un reconocimiento y era alegre. He dormido mucho. Ayer todos estábamos cansados, cenamos juntos y muy pronto fuimos a dormir. Yo estaba sensible de una historia muy lejana, del recuerdo del Fauno, de todos mis años borboteados en la hierba. Tenía dentro un sentir infantil que clamaba amor. Un grito que necesitaba abrazarse a fuego sobre una isla. Me di cuenta que durante muchos años había habitado la soledad de la escritura y que algo de ella me pesaba. También comprendí que me falta la perspectiva de que la vida es larga y que continuará, algo en mí vive como si todo fuera a acabarse. Sobre el desfiladero. Sobre un sueño. Sobre el olvido. Y algo de todo esto me está haciendo daño. Tengo que irme de aquí. Recuperar las barricadas de la esperanza.

No he escrito casi nada estos días y eso me pone un poco más frágil. Algo discontinua de los significados. 
Han sido muchas emociones y selvas de la palabra tiroteada en la calle, del corazón desabrigado sobre el viento. Me gustó mucho el primo de Yos. Era mucho más sensible que Yos. a lo que yo sentía y a lo que hablaba. Teníamos muchas cosas en común. Y eso me provocó dentro un soñar distinto de lo que necesitaría el amor.  El deseo del aullar del alma.

Creo que antes de conocer a Yos... yo estaba completamente sola, y se había fracturado con violencia, la humanidad y la civilización de mi vida. Mis ensoñaciones, mi felicidad, eran un poema dentro de un poema que se volcaba hacia lo inefable. Él fue un huracán en mi cotidiano, en mi deseo.

Pero últimamente estaba llegando a un bucle de excesos y otro tipo de soledad que iba por ahí con el corazón fuera de la carne, desarmada, combustible, tronada de la largura de la noche.

A veces soy como una niña ante el amor. Soy extremadamente vulnerable. Me enamoro como se enamora una canción y un desierto. Y algo muy dentro mío, estaba lleno de nieve. Algo conmigo a su lado, chocaba con un precipicio. Ahora poco a poco, siento que nos estamos marchando. Que nuestro querer es amigo, pero no es ese tipo de querer, donde soltar el equilibrio y abrazarse sobre la mar. No es ese tipo de querer donde guarecerse y volar todos los mundos. No es un beso en el fondo del alma.

Antes yo habitaba sobre la fortaleza de la soledad, en su orgullo, en su libertad. Pero mi niña perdida estaba hambrienta de amor. Mi escritura no le daba nada, para que yo no cayera. Y ella sigue en mí. A veces su presencia me hace daño. Porque arde en mi víscera un alarido desesperado de la casa del Sol. Me hace vulnerable, delirante de la urgencia del amor.

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