HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo muchas taras poéticas. 
Las paranoias del corazón son un chingo y una telaraña.
Cuando escribo yo alimento mi locura.
Porque la necesito para amar todavía la vida y las estrellas.
Me dejo engatusar por la luna y el pis de los brujos.
Y entro en bucles de pirómanos, colgados y románticos, borrachos sin mundo, suicidas sin balas, amantes de la hoguera y del fin.
Me vuelvo adicta a sentir y hacer el todo por la parte. Pero como tengo mil partes, me hago mil todos, los agito y mezclo, y ando siempre en un delirio cubista e insostenible. 
La identidad y la percepción se hace LSD y un puto bucle del yoismo agarrado a clavos de éter y de nada.
La múltiple mirada se embriaga del vino y del ataúd.
Y me engaño. Yo sé que me creo mil mentiras. Todas las mentiras de las canciones. Todas las del espanto. Pero sólo una rola. Luego caigo en la horca. Se desparraman en el desierto. Y al rato, vuelven a empezar. No son las mismas, pero son las que maté en tus labios. 
Todo lo que escribo, me lo creo a fuego. Aunque sea puta literatura. Aunque mi corazón sólo sea un teatro ambulante. Aunque haya ciertos versos que yo he nacido para ocultar la herida, para engañar a la muerte. Me los creo. Los hago mi espada y mi escudo, mi país de nunca jamás. Aunque sean una milonga insostenible y mortal.

Con Yoseba me cuento mil cuentos.
Y todos valen para un roto y para un descosido.
Tengo cientos de ellos para dar por terminada la historia.
Y otros tantos para seguir amándole. 
Algunos para salvarme y ser yo la héroe. Y otros para cortarse las venas y que no quede ni la arena que traga la sangre.
Los tengo para sentirme amada y libre y eterna a su lado.
Los tengo para ser la desarrapada cantaora de cuchillos.
Los tengo para odiarle y asesinarlo a patadas en mi corazón. 
Y para quererle todos los universos.
Los tengo para ser la gata infiel y quinqui. La oscura. La que es más hombre que él.
Y los tengo para ser la mendiga de su amor. La víctima de su amor. 
Para ser la cenicienta. La caperucita. Para ser el lobo.
Los hay mano a mano. Y mano al cuello. Mano a la botella de tequila y el barco de Marte. Mano a la espalda y caída a 500 por hora. Mano entre las piernas y vuelo por venus.


Y todos son puro teatro.
Que yo me creo a fuego.

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