HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo un par de meses para buscarme otro sitio. Aquí me taladra la inercia de los deconstruidos, cubistas, desamparados y marginales.  Amo mi casa y el monte. Pero algo de mi vida por éstas tierras, huye sobre los escombros de una alucinación, sobre las cenizas desangradas de un libro. Aquí no hago absolutamente nada que no sea escribir e ir a ver a los árboles. Mi vida peligrosamente, se vinculó a Yos. Como esa botella de absenta que venía de vez en cuando.  Él empezó a hacerse un núcleo en mi vida. Pero no éramos amantes del amor, éramos amantes del fuego. Mis emociones empezaron a desarraigarse y hacerse vagabundas y etílicas. Empecé a descuidar a mi familia y a todos los mundos. Vivía sólo entre lo que escribo y esos fines de semana con él, sobre la lujuria y las llamas, el baile punk y la muerte. Era incapaz a creer en dios. Y mi alma se hizo una estampida curva y punzada sobre un huracán. Perdí mi paz. Empecé a encontrarla sólo en los poemas alcohólicos, en el arrebato, en el salto al vacío y la carcajada de las carreteras en llamas. Empecé a beber como los viquingos. Y mi corazón tenía cada vez un agujero más profundo y más delirante. Algo en el fondo de mí se sentía desamparado.

Muchas de las palabras que escuché cuando creí que nuestra relación se había acabado para siempre, han de estar presentes ahora y seguir labrando su camino. 

Estaba dentro de bucles lunáticos e indigentes. Me acostumbré a un tipo de vida que no tenía ni timón ni techo, ni un lugar para dormir en paz, ni para soñar, ni para sobrevivir a las canciones. 
Algo dentro de mí era incapaz a sostener un puente para el después. Sentía una explosión en los puntos suspensivos. Porque vivía en la total inconsciencia y su absolución. Cuando estaba algo ebria y se me subía la moral con ciertas canciones, llegaba a una poética que parecía justificar y defender mi vida, enllamarse de motivos. Pero esos motivos sólo se sostenían en ese arrebato de vino y guitarra eléctrica. Por eso cada vez bebía más alcohol. Porque en mi psique sólo encontraba la plenitud y la paz en un blues del exceso. 

Por suerte todo esto explotó en la Noche de San Juan y al día siguiente. Yo tenía dentro una granada. Mi surrealismo me ayudó a detonarla y a salvar mi corazón. 
Ya estaba tocando fondo del río del olvido. Ya no era normal lo que hacía. Bebía como 3 litros de cerveza diarios. Y adentro tenía una angustia de dinamita. Un moratón de cráter de la luna. Un aullido de lobo que se despeña.
Mis delirios del amor con él, explotaron en el aquelarre.

Aunque luego siguiéramos como dos maniacos juntando vete a saber qué continuidad. 

No sé qué será de nosotros, tal vez podamos ser amigos. Pero sé que ahora hay un cruce de caminos que levantó todos los suelos y explotó las esquinas. Y que aquello que nos pasó, ha levantado otro camino donde no estamos juntos, por el bien de la salud y de la cordura de ambos. 

Él se hartó de mis delirios y vagabundias. Yo me harté de sus macarrerías y de la historia de los malditos.

Por eso creo que ahora los dos caminamos una transición. Ha habido un corte entre nosotros. Aunque algo nos siga uniendo y atrayendo. Ha habido un golpe de lava que ha nacido otro tipo de movimiento en ambos que iremos siguiendo con independencia y separados. 

Yo me iré de estos bucles a buscar la vida a otro sitio. Ya no puedo soportar la inercia de los poemas de la luna y el hambre. 

Él buscará su futuro lejos de mí. 

Aunque mientras de vez en cuando bailemos una canción. Será distinto. Nos estamos yendo.

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