HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo del monte y me he dado cuenta de algo importante, al abrazar a un chopo, al recordar lo que me dijo el Fauno cuando me salió toda esa violencia el verano pasado. Me di cuenta de que hay otra forma de abrir camino, y es el amor. Y que siempre tuve la sensación de que cuando yo amaba atentaba contra mi dignidad y mi valía. La loba, me acechaba. Tal vez empezó en el maltrato de mi infancia. Mi subconsciente asoció que ser buena, era un suicidio. Y en mi adolescencia se despertó un animal lleno de furia y heridas, de puñetazos y palabras que se había tragado hacia dentro y las sacó afuera y buscó venganza, contra el capitalismo, contra los que me dañaron cuando yo era débil y mansa. También mi familia afectó en asociar el amor y el espanto, el amor y la muerte. Creo que el daño que alguna vez recibí de la policía, de los psiquiatras, de la gente de mi alrededor, también alimentaron en mi corazón la violencia.  También las relaciones amorosas donde me sentí la abandonada, cuando había amado todos los universos. Mi suspicacia a la humanidad no se curó. Y yo nunca había sido crítica a mis arranques de violencia. Porque en mi interior cuando me da esa catarsis, algo se subsana, algo me salva de mí misma y baila el éxtasis y se libera. Aunque creo que ese es mi error. La violencia debe ser armónica con la justicia, con el fuego interno, con la anarquía y con el amor. Debe respetar el alma y defender la libertad. Creo que mi problema es que yo muchas veces soy una suicida con mi entrega en el amor y en la bondad, y mi sentimiento interno pelea con el lobo estepario y me siento muy pequeña y vulnerable, indigna, evanescente. Y acumulo sombras y brechas. Acumulo mucha rabia y soledad y tristeza. Y cuando tengo muy cargada la metralla, me explota.  Algo en mi inconsciente me culpa cuando soy buena, cuando amo, cuando no soy la nitroglicerina. Algo en mis tuétanos siempre está esperando a ese animal salvaje y violento, extásico, radical y último, heroico, marciano. Y esa es mi tara mental.  Un raro orgullo y tormento. La sensación de nunca haber sido amada. Que tampoco es real. Es otra tara mía. Porque yo el amor lo idealicé y extremicé en un mundo imposible que ningún ser humano podría ofrecer. Y en mis locuras yo lo sentí, lo viví, lo moré. Y algo en mi subconsciente lo busca otra vez como el único amor. Pero era algo que no es posible en la tierra.

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