HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

A veces me cuesta estar conectada a mí misma y a los chopos. Cuando pierdo esa conexión me empiezo a convertir en un teatro triste y gaseante. Mi sensación interna es una carrera de relebos de mirlos espeluznados de hojalata y ruina. Y me acuchillan las flores el fondo del sonido. Me pasa mucho con Yoseba. Algo en mí se hace visceral de una taberna. Algo en mí deja de existirme. Con Ab. no me ocurría. Con Ab. mis palabras eran mis palabras. Mi alma se sentía libre y contenta. La desrrealización es algo que tiene que ver con el extremo existencialista, con mis viajes por la rechingada subida al hachís, con mi psicosis, con mi anti-yo, con la loba esteparia, con la dualidad de la escritura, con el virus del ser. Con un núcleo metafísico y retorcido. Con el verbo del pozo. Con los títeres de sangre y de aullidos. Mi desrrealización se hace una avalancha cuando me da la náusea de las luces. Pero el resto del tiempo también está en parte en mí. Poder vivir con el alma al timón, sería la forma de curarme verdaderamente de mis chingos y neuras y habitar siempre la felicidad y la creación, la libertad, lo salvaje, las musas.

Ahora necesito las mareas de los chopos y el activismo del monte y de la reciprocridad de la naturaleza. Me he sentido a punto de arder. Con patadas de fuego en mi interior. Con una tensión de granada de mano. Con angustia. Abrir la ventana, es afirmarlo todo y fluir. Tirar esa pared del agarrar de la pistola. Ser y estar exasperadamente con el instante y salir de los bucles de la tensión del no-ser. Por eso tengo que entregarme al acto, bañarme en el río, cantar, correr. Entrar en la música. Coserme esas brechas del significado con el poema. Habitar el presente. Amar. Confiar en el horizonte.

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