HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acabo de llegar de esa montaña. No tuve ni una gota de miedo y por eso tampoco se dio la catarsis. La próxima vez tengo que ir sola, para cruzar esa visión onírica del espanto, soportarla en mi insconsciente y avanzar junto a ella. Fue todo muy tranquilo. Mi vieja se cansó, le dije que me esperara sentada en una sombra, pero prefierió seguir subiendo. Subí desnuda para pillar moreno. Estaba muy bello el bosque. Recordé algunos instantes de amor y de mística que viví hondo allá. Pero estaba en el presente, no estaba claviculada al viejo pájaro de mi delirio. No estaba donde creía. El instante traía nueva música y picazón y desierto y vino tinto. Bromeé un rato sobre la leyenda, pero luego quise ir en silencio y tiré delante. Todavía me cuesta concentrarme con el fuego abstracto que carece de memoria y se cuelga del dragón. 

Me doy cuenta que últimamente soy mucho menos neurótica, más vagabunda, más leve.  Antes me hería mucho más por el alter ego de la loba, por la hoguera que quería enrocar y proteger. A veces acompaño a mi madre y a la madre de Ab. a tomar una cerveza. Antes yo sentía siempre una vergüenza ajena y un ataque-defensa, cerca de mi madre. Estaba yo ahí como un diógenes fascista, salvando al perro negro que mi madre vulneraba. Estaba al cañón, al temblor, al enroque, a la protección de mi escombro, de mi adiós, de mi bala. Ella me ponía muy nerviosa, y sentía que su estupidez era mi estupidez, que sus neuras me manchaban a mí toda la piel, que sus manías y sus errores, me vulneraban y me lo tomaba todo a pecho y a la pelea. Era muy intolerante, muy subconscientada por un lejano cangrejo ermitaño de mi infancia, por una sinestesia muy primitiva de mi niña salvaje y triste. Ahora, me da igual. Me siento más lejana y más libre, más espectadora del teatro, más amante del sapo y de las flores de hojalata.  Ahora la dejo ser, que me sorprenda, la siento cubistamente más distante, más suya, más alma, más libre también a ella, la veo más hermosa, sin que mi cordón umbilical tenga una firmada guerra con ella. Durante muchos años viví en guerra con mi madre. Ahora ha corrido el aire, ha hablado el agua, hay una probabilidad de un rizoma que nos ama mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario