HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche hablé con Yos. Al principio estaba enamorada, aunque sé que no es de Yos, es de un poema onírico y distante, de todos y de nadie, un escalofrío de orgía proletaria, del olor de la cerveza, del blanco de la amapola, de la poesía cabaret, madre de todos, puta de todos. Como él me bajó la líbido, me desenamoré a fuego, pero tampoco de Yos, fue también de la poesía puta de todos.

Si soy sincera. Yo no amo a nadie con exclusividad. Soy en el fondo pragmática y psicópata del verso. Porque he rebuscado mucho en mi interior, y sé que los sentimientos son sólo pis de bruja, química sexual y poética. No son de nadie ni para nadie. Son éter comunista. Son puro teatro. Porque el Ser es teatro. Todo es Teatro.

Soy animal en busca de la orgía de Marte.
Cuando soy romántica es porque la poesía lo quiere.
Cuando soy dramática, es todo culpa del poema.
Cuando me ahogo en mares de ginebra, cuando me levanto entre peces espada. Cuando subo, cuando bajo, cuando llaneo o me encurvo, es por el capricho de un canto. 
Cuando hago de tripas corazón es porque los jilgueros se fumaron mi marihuana.

En el fondo, siempre estoy a la mitad congelada, a la mitad ardiendo.
Y soy exigentemente materialista del surrealismo.
Fría de la metafísica de los cangrejos y los lobos.
Prudente del ardor del monstruo.
Mentirosa de la oblicuidad de la letra. 
Soy promiscua de las probabilidades de las canciones, de la largura de la noche estrellada.
Soy infiel del licor del peligro y de la adrenalina.
Me acostaría con Satán.
No diría nunca que no, si me provocara un atentado moral y poético.

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