HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer estaba tensa. Cuando me habló Yos, no tenía ganas de hablar. Estaba insconscientemente enfadada con él y con todas las atmósferas. Me doy cuenta que a veces hay un sumidero de un diario de ceniza que me amotina en contra de todo. Eso me provoca una evasión no-creativa. Un detenerlo todo, sobre la muerte y esperar otro día. Eso me separa del presente y del fauno, porque desaprovecho el instante y aguardo junto a murciélagos disecados a que llegue otro instante, mientras entrego mi vida al polvo. El único momento que tenemos siempre, es el ahora.  Cuando hago eso, cuando me canso, estoy provocando vibraciones de enfermedad y de antivida. Que después cobran vida en mi inconsciente y me hacen daño. En ésta sociedad capitalista y enferma, estamos muy adaptados a lo enfermizo. Estamos adaptados a vivir una vida mediocre, separada de lo extraordinario. Hemos sido adiestrados para no habitar el paraiso y la anarquía, para no ser felices y enteros y libres e infinitos. La vida sana, sería vivir todos los instantes, en el fuego del espíritu, en el Presente, en la libertad, en el amor, en el rizoma libertario.
Todos arrastramos la sombra de la enfermedad, porque nacimos en una sociedad enferma llena de prisiones y cadenas.


Me he dada cuenta que yo muchas veces, acepto no vivir en lo extraordinario, y espero a llegar luego a lo extraordinario. Me echo a dormir, me echo una cerveza, me cubro de bruma y oscuridad. Y desaprovecho mi vida, y enfermo mi corazón y vivo un bucle de yoismos y esperas y desiertos, una y otra vez dando vueltas a la noria. Eso es pura enfermedad. Eso es pura locura. Ningún animal hace eso. Los animales viven con pasión cada segundo, porque viven entregándose enteros y morando sólo el presente. 


Cada instante es sagrado. La naturaleza es sagrada. La transformación y la avalancha hacia la libertad, la catarsis, se provoca exclusivamente en el presente. No tenemos que hacer un máster para encontrar la felicidad, no tenemos que levantar un castillo, ni elaborar un plan a cinco años, ni hacer un estudio psicoanalítico, ni geopolítico, ni metafísico, ni escribir complejas teorías y soluciones, ni ir a un templo budista ni hacernos un exorcismo ni. Tenemos que conquistar el presente. El gesto más pequeño, más pobre, la relación de nuestros sentidos y sentires y proyecciones y bailes, justo ahora y aquí. En la forma de tocar la tierra, de comer, de meternos en el río, de enfrentarnos a las amenazas y verdugos, de emponderar la anarquía del corazón y la palabra, en la forma de no hacer nada, de hablar con la gente. Al vivir en el presente, se rompe la maquinaria repetitiva de los prejuicios de la razón y de los prejuicios sobre la ideación de la realidad. Y se vive en el asombro y en el juego, en lo nuevo, en la constante aventura y creatividad. Sólo en el presente se cambia el mundo para siempre. En el presente se levantan las revoluciones, los poemas, el amor. Sólo en el presente podemos ser libres.

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