HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer viví algo importante cuando estaba en el río. Una nueva perspectiva sobre mis ensueños. Me di cuenta de que las amenazas de mis ensueños, lo oscuro, era algo provocado por mí. Todo lo que aparecía en los ensueños era algo provocado por mí. Eran parte de ciertas heridas y miedos, de prejuicios, de cabos sueltos. Y no tenía nada qué ver con lo que yo creía de que había criaturas del ensueño que me arrastraban a sus universos. En el ensueño yo podría ser muy libre, si viviera en el amor, si viviera sin cicatrices de pólvora. La atmósfera belicosa y fantasmagórica de mis últimos ensueños, me provocaron una catarsis, pero yo no peleaba contra monstruos, o seres cósmicos o muertos, peleaba contra zonas de mi misma. Mi interior, mi ser más profundo, llegó al ensueño con una carga en parte oscura y herida, y lo que yo cargaba se representó en el ensueño como un espejo mágico. Por eso no hay nada qué temer. Allí está el infinito. El embudo que sin querer francotira mi herida, reproduce lo secreto y lo exterioriza de un modo que el ser profundo puede relacionarse mágicamente con el humus y transformarse. 
Mi error era que quería interpretar la historia del ensueño, desde un modo racional y comprensible, como si fuera una novela. Pero aquello era un Teatro mágico. Y yo era también la asesina que me enviaba el ensueño. Mi miedo, mi tirantez, mi coraza, mi violencia, mi aprensión, sentimientos inefables eran representados en el exterior de la atmósfera, pero era sólo yo la que los provocaba, aunque mi cuerpo del ensueño, los viviera como algo externo. Las criaturas del ensueño eran manifestadas por mis manifestaciones secretas, y aunque yo creyera que tenían vida propia, no era así... eran extensiones mágicas, de lo que separa a mi espíritu del Bosque, a veces en la oscuridad, a veces en la luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario