Ardidos

Cuando lo recuerdo me suben los floripondios las faldas de la luna. Él ahora está muy lejos.  Yo de pastora de los insectos de las alpacas prendiendo benceno y nube, entre mi ropa deshilachada. Amor jabalí. Soy sucia, no puedo evitarlo, porque tengo heridas. La herida de haber nacido en una sociedad enferma y la de haber sobrevivido sin haberme vuelto una explosión nuclear. Soy sucia, porque salí mal parada de mí y del mundo. Por eso amo suciamente, con mi rata entre mis senos, con mi espada vencida y mi a punto de caramelo, mis complejos de cucaracha y de hielo, de gas y de reloj de arena. Con la urgencia del exorcismo de mi bestia, sangrándote por encima, todos los réquiem y cantos de basurero, a ver si es que al fin tu fuego me quema las bacterias y me hierves la toxicidad que me engendró haber sido humana. Por eso no mido lo que digo, ni pienso lo que hago. Porque soy sucia y quiero el éxtasis de lo sucio y lo escondido, de lo monstruoso y acorralado. Porque mi oscuridad fue profunda y sádica. Me gusta vomitar encima de la vecin las ruinas de mi casa. Me gusta gemirte entre tus piernas a mi bruja y desolada hambrióloga de la ausencia y de Marte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario