HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato iré al río. Todavía me cuesta entregarme. Estoy al acecho. Tengo la sensación de que hay un amenaza. Tengo miedo al Fauno, tengo miedo a la vida. Para vivir al Fauno, es indispensable no tener miedo. Para vivir el Amor es necesario saltar al vacío. Yo todavía estoy en el camino.  El verano pasado, en esa metamorfosis, había una espina de nitroglicerina y era el Amor. Yo no pude soportarlo. No estaba preparada. Llegué a él como a una guerra. En las ideaciones que me ofreció la amanita del bosque y las criaturas de mi ensueño, el amor, era mi herida, y yo hice el  baile del chacal, enervadamente errática. Por eso tuve que irme del Bosque. Por eso durante todo éste año, lejos del Bosque, exploré mi herida, traté de cruzar su precipicio, Yoseba fue un duende oscuro y perfecto para mi viaje, fue un clavo ardiendo, la noche puta, el yira yira y la hoguera, el baile de enyerbados y hambrientos, lo que nunca podría quitarme el cristal, pero a la vez, justo lo que necesitaba mi agujero del árbol. Cuando apareció Ab. el fauno se acercó dos pasos y yo avancé. Di un salto hacia el Amor y lo leí en mi alma, de un modo que nunca había conocido. 
Ab. estaba en las ideaciones oníricas del verano pasado. En mi cuento de Alicia. Ab. era el brujo del nagual y Yos... era el del tonal. Pero el año pasado no lo vi. Porque me encerraron. Él me vio esa mañana detenida pero yo a él no.
Aunque eso son sólo metáforas.
Son metáforas que ponen contentos a mis ciervos, pero sólo metáforas. 

El verano pasado, yo hice la guerra al amor.
La última noche en el bosque, sangré ceniza, comí la mariposa negra y vino la araña de la luz, a enjambrar la soledad de las estrellas. Mi última noche en el Bosque, me dejó un agujero que sangró como una manada de chacales la posesión de la distancia de la fiesta del Tigre. Son sólo metáforas. Pero son las que verdaderamente me explican dónde estoy y dónde estuve.

Al día siguiente, fui al arroyo de la escoba y de la pala, de la roca del Fauno. Y el Bosque me dijo, que tendría que estar muy sola y que dolería, el Bosque me dijo, que ya lo había perdido pero que tendría que recordar que está encima de la montaña, esperándome, mientras, y que era obligatorio sangrar. Que la loba, venía detrás.

Y duró un año entero, ese hueco.

Son sólo metáforas. Pero son lo más cierto. 

El Bosque, empezó a hablarme muy lejano desde entonces.  

Ahora vuelvo a oirlo, aunque aún no sé bien, su tanto.

Sé que todavía tengo miedo. Creo que tengo que volver al arroyo de la escoba y de la pala. Tengo miedo a volver allí, porque en primavera, me llegó desde allí la metáfora del lobo de la muerte. Fue cuando estaba con la Polilla Negra.  Necesito luchar contra mi miedo. El miedo me separa del bosque.

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