HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es bello éste verano. Porque hay muchas tormentas y el verde sigue verde. Porque hay un viento frío que regurgita los cuernos en llamas de la luna, bajo la sombra de las reses cuando ya no se puede llegar a casa.
Recuerdo esa noche en la que yo estaba en el ensueño, con él. Él no era él, yo no era yo. Sonaba punk anarquista y había vino tinto y hachís. La vecina amenazó con llamar a la policía si seguíamos haciendo tanto ruido. Tuvimos sexo salvaje y onírico. De otro mundo. Yo estaba violenta. Le llené de sangre la espalda. Era una pelea. El sexo era un asesinato dulce y heroinómano entregando la sangre al ave fenix. Como yo estaba volando a la mitad en el ensueño, hacia el cuerpo del tigre, sentía que lo hacíamos desde el nagual. Bailábamos las frecuencias del ayahuaska.... Lo hicimos durante horas como dos bestias, en un aquelarre tan intenso y catártico que la tierra no puede conservarlo.

Cuando se ha sentido algo así. Cuando se ha tenido un orgasmo en el otro mundo, en el ardor del surrealismo y de la magia. Es muy díficil tener un clímax en el sexo mundano y humano. Porque la cumbre está en otro planeta. Porque el animal de poder interior, exige demasiado, necesita demasiado para hacerse nitroglicerina y volar.

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