HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace un año justo, yo estaba ebria de luna. A veces me dan celos de bestia, de luna de sangre, de utopía en venganza, de poema que no quiere renunciar, de sueño que se rebela, de amor de otro mundo.  Ahora trato de vivir en el equilibrio. De domar esa bestia, de hacerla amiga de la mar. En mi naturaleza hay algo a veces explosivo. Mi vida ocurrió a través de metamorfosis radicales. Mi evolución espiritual se hizo en la alegría y la vehemencia de la psicosis. Mi vida no fue nada normal. Esa comunión con los dragones y con el fuego, me obliga al surrealismo. Generalmente soy una persona filántropa, tierna, amable, amante, curandera, pio pio, sal y nube, perruna, a la pipa de la paz. Pero de vez en cuando mi repertorio de Comala, se rebela. De vez en cuando, mi tendencia al amor, se pincha en un asteroide y se vuelve guerra. La zona violenta de mi naturaleza, si ha sido acallada, si he derrochado mi fe, si he tragado mucho vacío, si he amado tanto que me he vuelto un fantasma, me sale como una jauría y escribe de nuevo la selva del lobo. Por eso para que yo tenga equilibrio y viva en paz con mi espíritu, necesito que mi violencia sea creativa, libertaria y justa con lo que amo. Hay una diferencia entre los psicóticos y los que no lo son. Los psicóticos no camuflan su inconsciente, ni viven detrás de él, lo explotan, lo viven marea y gas. Los psicóticos no viven reprimidos. No son como los neuróticos ni como los hipócritas cuerdos y domesticados. Están unidos con lava a su surrealidad. El psicótico es el sano, el libre, el que soluciona sus problemas a un tajo y acude al humus. Pero la naturaleza psicótica necesita muchos cuidados. Necesita vivir con el corazón fuera de la carne. Sin cortocircuitos espaciales ni gramaticales.  Es una naturaleza poética. Necesita el movimiento. Necesita la catarsis. La intensidad. La luna llena. La noche y el día. El desierto y la orgía. La nada y el todo. Necesita el cuerpo de la mariposa. La tristeza y la vehemencia. El juego. La inocencia. Y su anarquía. 
La naturaleza psicótica cuando pasa hambre, cuando siente vacío, cuando no desarrolla todos sus cantos y fuegos, sale afuera para sanar a la naturaleza, pero la madre de los psicóticos, es una malentendida, lunática y peligrosa, tan amante, tan poeta, que es capaz de destruir el mundo por salvar a sus hijos.

Mi animal interior es salvaje. Y yo soy la única que lo conoce. La cultura siempre será su enfermedad y su llamada al 112 y la policía encima. Mi naturaleza es metamorfa, es psicótica. Para que yo tenga paz de espíritu, necesito la paz del fuego, el respeto al fuego, el amor del fuego.  Mi naturaleza me protege. Si alguna vez, empiezo a caer, a callar, a atarme, a envejecer, a dejar de soñar y de amar, mi naturaleza psicótica vendrá desde el mísmisimo infierno, con unicornios y caballos, a buscarme para llevarme a casa.

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