HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He dormido muy bien. Estaba muy cansada. Necesito unos días de chopos y de escritura. Ayer fue un viaje largo. Necesito descansar un tiempo cerca del río. Recuperar la sincronía con la naturaleza y su gozo. Detener mi inquietud. A veces estoy a punto de estallar. Ayer me dio durante un rato la náusea de las luces, es algo muy extraño... tiene que ver con un delirio existencialista y un devorar de los sentidos sobre un mordisco de éter. Es algo que me separa febrilmente de la humanidad. Y que me conecta con un radar psicótico y extravagante. Me da mucha tensión. Y a la vez despierta mi pesa-nervios y algo último y radical que se comunica con la primera cicatriz abierta en canal sobre la atmósfera. Creo que la forma en la que me cure de ella, sería el amor. Poder fluir en esos instantes con la música y la confianza en lo existido. Abrazarme contenta a perros y a barro. Saltar. Jugar. Ayer hubo una diferencia con otras veces y es que pensé en esto, pensé en la forma de detenerla. También pensé en la grieta evanescente de la desrrealización humana y en cómo mantener un timón en mi propio cuerpo y en mi soledad. Pensé en mantenerme unida a mi centro y tolerar las aperturas magmáticas del paisaje. Creo que en la náusea de las luces están todos los motivos de mi locura y de mi tango. Está mi quejido de Artaud. Mi lanza. Mi coraza de ortigas y de pinchos. Mi anti-yo. Mi conexión con el inconsciente colectivo de los insectos. Un centro gravitatorio desfocalizado entre mis hemisferios. Una paranoia de ortigas y saliva de erizo.  Cuando me da, me sube de 0 a 100 en un par de segundos. Y sé que la forma de transformarla sólo puede darse cuando está encendida. Cuando me ocurra tengo que actuar con inteligencia en esa brecha volcánica de lo social. Protegerme. Esperarme. Tratar de tranquilizarme en el movimiento. Para cambiar de una vez la oscuridad de la paradoja y su cuchillada.

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