HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado debajo del chopo. He tenido una especie de viaje por los puzzles y oceanadas. Por las inercias de la escafandra de la infancia, del instinto en reserva de los abalorios y las liebres, de mi error geográfico, de mis nervios retroactivos de la patada y el alud. Vi toda mi vida en el agujero del árbol. Comprendí otra vez el mundo del fauno sin el cortocircuito del delirio de Alicia y estaba muy cerca y muy dentro de mí. Vi mis ensueños. Mis pasiones. Mis equivocaciones. Esos errores de perspectiva que provoca el apego a la brecha y a lo umbilical, el ego y la gota de sangre. Sentí mi oscuridad y lo que desde dentro de mí me separa del Sol. Vi mis bucles. Y a la vez, eran esquejes de un mapa situacionista que fueron necesarios para abrir mis manos hoy debajo del chopo y estar justo aquí. Jugué y salté. Por un segundo, me sentí sana e infinita. Aunque también estoy alterada para cumplir mis sueños, para no soltar la ola, para no volver a perderme, para que no sea encerrada otra vez por mi mente y mis neuras del teatro.

Ahora voy a descansar un rato. A la tarde iré a nadar. Necesito agua, oxígeno, viento. Necesito amar. No tener miedo a la felicidad, no tener miedo al Fauno. Vivir verdaderamente.

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