HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He puesto música que escuché en casa de Ab. Es muy raro éste verano. Huele a gasolina y a teja con musgo. Huele a gatos que miagan la destrucción del tiempo. Ya no estoy nostálgica, ya no me hiere lo vivido, ni me atrapa el infierno que quedó atrás. Las fotografías no me hablan. No se me abren los cajones. Los diarios son sólo garabatos. No estuve nunca en un manicomio ni lloré sobre esa tumba. No temí perderte. No me ganaron los hechos.

Ese beso revivió el amor. Esa mirada desempañó el escote del horizonte. Esa palabra hizo inmensa la luna. Mis pupilas se dilataron, mi diástole se desató, la mar creció miles de estrellas. Y ya no acababa en mi soledad mi soledad. 

Luego él se fue muy lejos. Yo me quedé con los pies dentro del río. Pero saqué mi corazón de la bancarrota de los bares.

Yos y yo, tan solos el uno al otro, nos estábamos destruyendo, nos estábamos amando como jeringa y droga, como último salmo del infierno.  Nos estábamos devorando, traficando, ahogando, de tenernos, tan solos, el uno al otro.

Él fue un nuevo mundo que trajo de vuelta el amor.

Somos todos arlequines de las estrellas. Nómadas. Sueltos. Moradores del imposible y de la trinchera, de la flor y de los cuchillos. Tan niños. Tan poco adaptados al sistema. Sin nómina. Sin futuro en la puja. Enamorados de la vida. Bailando y perdiendo. Bailando y teniéndolo todo.

Los quiero a los dos. Los quiero querer mucho más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario