HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo nuestro es un despropósito totalmente armonizado con la naturaleza, la suerte y el vino, la noche puta y la hermosa. No es mi corazón a dos bandas, es un rizoma que sueña y que camina. No es él o él. A veces soy yo al expresionismo de los muelles buscando el nombre de la mar. Y entonces da igual caiga quién caiga. Soy LSD mezclándome con LSD. Entre nosotros nada es cierto ni amortizable. No somos las nociones. No somos la reciprocridad ni siquiera de nuestro instante. Todos estamos demasiado locos como para tener una sombra que nos siga. La vida es salvaje. El amor es libre.  Cualquier cosa que digamos ahora será desdicha luego. Cada cual gobierna su propia selva con huelgas nacionales. Él no era abrigo. Él era una fiesta desbocada con derecho a la tragedia. Conquista de mis malas maneras, de mis errores, vicios y desventuras, éxtasis y bares. Sólo nos entendemos en el orgasmo y cuando planeamos algo ilegal. El resto del tiempo nos desentendemos mano a mano, brindando por nosotros.  Le quiero bien. Le deseo todas las estrellas y suertes. Pero yo no soy su camino. Somos barcos piratas que aman a veces la misma ola. Nos mentimos con las venas abiertas el magma y los diccionarios, sin guiñarnos jamás la hipocresía. Todo alma. Él no se fía de mí y yo de él tampoco, porque somos tal para cuál. Pero sólo nos hacemos daño cuando jugamos a querernos más de lo que deberíamos. Nos ama así la luna y el lago.

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