HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo que ir a ese arroyo. Tal vez ésta tarde o mañana.  Desde que dejé de ir a esa montaña, empecé a cerrar el Infinito. A guarecerme, a esconderme, a velarme. Un miedo irracional me poseyó y me detuvo. Volver a ese arroyo, es una catarsis. Al miedo sólo se le vence, caminando hacia él. Sólo así se abren las puertas del bosque.  Al miedo se le vence, pasando miedo. Al miedo se le vence temblando, helada de frío y congoja, pero sin detenerse. Hay que ir de frente a él.  Mi miedo a esa montaña, ocurrió en la grieta. Fue el surrealismo el que lo cerró en mi pecho. Y sólo el surrealismo lo hará viento y mar. En realidad todos estamos locos, todos somos abstractos, todos tenemos un teatro surreal que nos rige. Y son los hechos poéticos, los que nos determinan. Mi miedo a esa montaña, es totalmente surrealista e irracional. Por las metáforas de mi Polilla Negra y del lobo de la muerte.  Llevo cuatro meses sin ir a esa montaña, por un calambrazo del insconciente. Y sólo encontraré la respuesta y la apertura cuando vuelva a esa montaña.

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