HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy a ir a nadar al río. Hoy me siento escéptica de lo que creía del Fauno y de la tierra, de mí y de la palabra, de ellos, del amor, de la luna. Creo que mis prejuicios empíricos sólo causaban que una y otra vez, estuviera enfadada con la espada y pared de mi Teatro. Una y otra vez, en un bucle, donde todo era muy parecido y yo creía que todo era muy diferente. Yo creía que me movía todos los días miles de kilómetros de astros y de tumbas, pero no me movía nada, andaba siempre con el mismo pellejo horando los agujeros en busca de Marte. Una y otra vez arrastrándome de un lado a otro, agarrada por el mismo hueso, contando un cuento que era el mismo cuento, aunque yo creyera que no. Porque era mi puto cuento. Mi puta historia, al ojo cubista, al despiece de sangre, al destazar de la furia del teatro, pero siempre la misma historia. Que si mi herida, que si el corro de la sombra de la bruja, que si alicia, que si el fuego de los bares, que la dualidad de la soledad del tilo, que orgias de hoguera, embrujos de nudo gordiano y tijera que blablaba. Y nunca acababa de acabar. Y nunca me iba. Irse es viajar. Viajar es desconocer y amar lo desconocido. Es vivir en el asombro. Es jugar. Es morar lo extraordinario.

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