HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El sueño que no quise escribir por la mañana, era extraño. Yo le decía "parecen estrellas explotando en mi piel". Pero era su semen.  Había inmensos pasillos rodeados por la intemperie. Todos caminábamos. Ningunos nos parábamos, no había hogar.

Sigo siendo la misma vagabunda que era cuando tenía tres años. A veces me abro en pedazos por el fulgor. Incendio el suelo y no dejo nada a lo que regresar. Hago eso cuando voy al amor y cuando voy al espanto. La yerba del diablo me canta nanas entre los sanatorios y los paraisos. A veces me duele tanto no poder sostener tu mano. A veces eso me da la vida. El queroseno no me deja posar mi corazón. Sufro el destierro. Me alzo del destierro. Mi brecha me rebota en el Ensueño. Mi rincón amontona sombras y canciones. Voy sucia y desarreglada del amor de dios. Nunca me quedo en tus ojos. El plomo apura la necesidad de correr. Nada nos da la paz. Nada nos obliga a ser alguien. Es demasiado profundo el devenir de la mar, derribándonos ante sus labios.

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