Ardidos

Los acordeones de manzana podre robaban de tu tiempo, un espacio en blanco, donde me desnudaba. Vertical de tu beso y de tu crimen. Era ya de otra, y tú no estuviste aquella noche en la que te dije la verdad. Al rato, cruzaba la ciudad con ella ahorcada en los faros. Los borrachos ofrecían un cielo tribulado en el huracán, con una multitud en huelga que anestesiaba el dolor de vivir, en motines de sangre y fuego, arbolando al dragón, cuando por fin descansaban los muertos y la vida no tenía excusas ni salas de espera. Sus ojos tan sucios y negros, reposaron mi alma, revivieron mis sueños, cuando todos estaban solos ciabogando el desmayo de la belleza, la sobredosis de la palabra, en el escombro. Náufragos abordamos el vuelo. Alzamos aves donde todo nos caía. Tan rotos y enamorados, partimos sin atar ningún regreso. Por eso no te dije lo que sentía cuando cruzaste la calle y empapaste mis papeles y mis islas, flotando sobre la nada. Por eso dejé que miles de kilómetros pisotearan las flores más allá de todo.

1 comentario:

  1. "-¿Qué estamos haciendo?
    -Cavar trincheras.
    -¿Y por qué?
    -Por si nos ataca el enemigo.
    -¿Y por qué no le atacamos nosotros y que las caven ellos?"
    Gila

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