HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No sé bien qué hacer cuando me quedo sola aquí. Choco con el espacio vacío que persigue a la palabra que escribo. La embadurna en el tambor de óleo del cuervo de madera. Y los viejos sepelios de marzo enfrían mis ardides con neumáticos que en llamas desandan el camino que mi canción perdió en tus labios. Me hablan epístolas de madera quemada el devenir del diente de león, cuando la calle es un monstruo que respira sobre el naufragio las guitarras que se ahogaron en alcohol. Y es muy grande el espacio vacío que ocupa tu salmo pegado al cuchillo. Hundido entre mis piernas como un mar imposible.

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