Ardidos

me recojo en esa fuga que desmembra mi rostro en los charcos
desfigura mi historia en los ojos de un gato
y hace jeroglíficos con el beso que recorro por tu cuerpo

me urge la protección de lo indefinible

tal vez porque huyo de mí y de lo palpable

la soledad lava la herida de la prosa
en jabones de hachís que no han tenido nada cierto

cuando das un paso para conocerme
retrocedo el cocodrilo azul dándote cubismo que me vuelve demasiadas
para que pueda morir en tus ojos

en la neurosis del innombrable
es el lapicero de la selva del autismo
la guarida de la introspección

del adentro hacia el afuera
hay una traducción infiel que se aboca en el teatro y en la sangre


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