Ardidos

Cuando acaba el amor, es mejor que la pólvora tenga un grito que redimir junto a la luna. Que acabe entre las llamas. Que las partes sean fieles al fuego. Y se marchen cantando a lo bonzo.

Entonces, la poesía nos salva de las tumbas. Nos tiende entre sus brazos y nos echa de nuevo a navegar.

El problema es haber querido a un muerto-viviente. Porque entonces se descompensa la balanza del bocajarro. Alguien que no es capaz de arder por rencor y pasión. No es alguien de fiar. Alguien que no es capaz de arriesgar su dignidad y su sustento, no sabrá nunca amar. Ni decir una palabra cuando el diccionario está en vías de extinción. Alguien que no es capaz a sentirse un payaso y bailar con su lágrima de cartón. Nunca tendrá vida que ofrecer. 

Ahora he aprendido a distinguirlos.  

Prefiero esos bastardos trileros, mujeriegos y mentirosos amantes de cualquiera si pintan copas y luna llena, que aquellos sobrios bibliotecarios del humo vendiendo quimeras.

Prefiero a los que no aman a nadie sino al amor y al canto y sólo tienen fuego para dar y para recibir. Que aquellos que no son capaces a volverse locos ni a sentir a la mar quemar sus papeles.

1 comentario:

  1. No todo el amor sabe o quiere arder
    Hay amores que son como el agua
    que solo quiere saciar su sed.

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