Ardidos

Las bestias también aman.
Aman jazz deconstruido sobre opio y llama.
Aman lágrimas de payaso mojándote el tequila.
Aman orgías de Fauno, música, mar y trinchera.
Aman poesía, infiel coraza del cubismo. Sin datos personales. Sin dirección postal. Sin patria. Sin dios ni amo. Sin tú serás mi muerte. Aman multitudes de migrantes buceadores de la luna. Aman de verdad cuando la verdad sólo es teatro. 
Se enamoran del fuego. Nunca pueden quedarse con nadie. Ni levantar una casa entre las piernas de nadie. Aman las estrellas, la tierra estéril, los desiertos oceanados por los lobos. Aman la herida, el bocajarro, el vals de la muerte. Aman con todos sus huesos y aullidos, sin llegar jamás al amor que los sacie. 
Conocen todos los cuentos. Cuentan todos los cuentos. Y sólo se creen los de la Luna.

Las bestias no engañan a nadie aunque nunca digan la verdad. 

Se van con cualquiera que levante la adrenalina del peligro y de la poesía. La exprimen hasta dejarla en los huesos. Y luego se marchan fadando hacia otro fuego que queme Troya. No tienen nada qué hacer en la tierra sino arder.

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