Ardidos

He tenido muchos recuerdos que me explicaban lo que soy a través de lo que he sido. Desvelaban el funcionamiento de mi psique. Ahora todavía no estoy despierta. No llueve. Cantan los gallos. Ayer quise mucho a Yos. Sé que él tiene algo distinto que lo hace naturaleza salvaje. Tiene una mirada cuántica en la que entran todos mis mares y ruinas. Con él me siento cómoda, de ser errática, de ser bruta, de no ser. Y eso es muy díficil de que me ocurra con la gente que me gusta. Con la gente que me gusta, mi alter-ego me punza el pesa-nervios y me convierto en una estrafalaria biblioteca en continua tensión. Con él, somos como dos chimpancés jugando con la lluvia. Aunque sé que a veces tengo miedo a tocar su corazón y a mostrarle el mío. Hay instantes en que dejo de comprender lo humano porque mi soliloquio se va a la lejanía. Aunque cada vez me pasa menos, tengo a veces cortocircuitos, ciertas preguntas de nitroglicerina, o una lágrima de monstruo. Un lugar de mi psique cubierto por la ausencia de la conciencia, una zona separada del resto de mi psique, un arrebato de lo inconsciente donde el hilo conductor es oblicuo y extraño. Cuando escribo, soy capaz a entender y a desvelar lo que he sentido y porqué, en esos momentos de noctámbulo vuelo. Pero mientras me ocurre, algo de mí deja de estar presente. Y entonces me da miedo Yos. Ya no miro a sus ojos. Me da miedo lo humano. Y yo me cierro por corales de hielo y tempestad. Y todo lo que toco lo dejo congelado. Cuervo cobra vida propia. Como si llevara el inconsciente colectivo o el espejo de las escombreras de la sociedad y del fango de lo humano. Cuervo en esos instantes no es lo que yo siento ni amo. Es como si fuera un agente externo que saca toda la oscuridad y la derrama en mis ojos. La avalancha en mi psique y provoca un seismo eléctrico. Yo empiezo a luchar contra Cuervo, y en esa lucha interior, me pongo triste, y mi lobo se aleja para defenderme a mí y a Yos de Cuervo. Sé que la solución es muy simple, para que Cuervo vuele alegre sin traerme ríos del olvido, tengo que vivir con el corazón y decir todo lo que yo siento y pienso. Armonizar mi soliloquio y mi exterior. Que Alicia sea libre. Que Tigre cante. 

Mi psique tiene un arañazo de viajes alterados de la conciencia, del fragor psicótico, de la datura, de la hipersensibilidad. Hay ciertas puertas perceptivas, que de vez en cuando en mí, son gaseosas, pierden el centro, el equilibrio, dejan de distinguir lo mío de lo externo, mezclan el yo y el tú, provocan la despersonificación, la náusea existencialista. Voces que provienen del exterior, se hacen delirantemente mi propia voz. Una zona independiente de mi psique que yo no puedo controlar. Entonces aparece Cuervo. Cuervo en realidad es mi aliado. Porque aunque me hace sufrir, genera la geometría de una mariposa y yo busco el mantra del Bosque. Él pertenece a los dos mundos. Él guarda el conocimiento del Infra. Lo que pasa que todavía no tengo la suficiente conciencia para poder integrar del todo a Cuervo en mí. Cuervo es metamorfo, y tiene muchas formas de aparecerse. Cuando yo estoy triste, cuando dudo de mí, cuando Yos, dice algo que hiere mi sensibilidad o cuando estoy enfadada, primero viene Lobo, si Lobo no logra calmar mi corazón y tocar la canción de mi alma, viene Cuervo. Cuervo nunca ha tenido amigos humanos, sólo amigos del Bosque. Todas las personas tienen a un Cuervo. Los Cuervos se vuelven muy hermosos si somos capaces a amarlos. Cuando Yos está con su Cuervo, mi Cuervo también sale. Y los dos son tan parecidos y han estado tanto tiempo solos y en guerra que se provocan lucha y espanto. Si fuéramos capaces a amarnos desde nuestros cuervos, llegaríamos al Edén.