Ardidos

A veces me disfrazo de perro sin dueño. Me protego con el olor de la balacea al crujir de los artos. Con un nunca más que mirará todos los ojos en la mar. Y me hago la dura de roer entre los cráteres alejándome de todos. Pero por suerte, nunca soy lo que creo ser. Y otro poema, viene a negar, casi todo lo que escribo y lo que sé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario