Ardidos

Sé que no eres tú. Es la absenta que tu espejo embriaga en mis venas. Es el Léolo que despiertas en mi no-ser. Es un pasaje del Teatro que te vive como mi propio cuerpo. Te sufre poéticamente para no sufrir a la nada. Te utiliza como verbo pero no es para llegar a ti, sino para llegar a mi río clandestino.

Erráticamente, me lo tomo como algo personal y divino. La nada hace una metonimia evocándote a ti, para distraerme. La melancolía te usa como a la tumba. Pero detrás de todo eso, hay algo mucho más lejano que tú y que yo. 

Está dentro de mi adentro. Y no va hacia ti. No nace de ti. No es porque tú. Es un puente a Fauno.

Tú lo pones en manifiesto. Pero tú sólo has llegado allí, desde el espejo de mi Teatro. Y es medio verdad el guión que arde, pero sólo en las capas de la superficie. Adentro no. Adentro, donde baila desnuda la muerte, nunca estuvimos juntos. Nunca llegaste. 

Ese mar se hace a solas con el Salvaje Poseidón.

La superficie nos ayuda a desvelar los jeroglíficos. Nos entraña. Nos hace parte de su sueño.

Pero sólo es un medio, no es un fin.
Sólo es la carne del actor.
Aunque lo vivamos como el todo y la nada.

El ser profundo habita mucho más allá y más acá de los hechos.