Ardidos

Se rompió mi cama. Yos dijo, sería una noche de lujuria de esas de las tuyas, a saber lo qué haces cuando yo no estoy. Y empecé a sobornarle opio y ardimos. A mí me excitan nuestras sospechas. Ese querernos como dos gatos. Ese sabernos tan iguales cuando brilla el vino, tan narcisistas de la orgía de las estrellas. Me excita nuestro juego. Cuando él sospecha, se vuelve más ardiente, me desea más, cuando yo sospecho, me vuelvo más guerra y magma, y encendemos juntos un fuego en Marte. Nos sienta bien el engaño y el baile de la serpiente. Nos une el escarnio de la Luna, el rencor de las luces de san telmo, el suburbio del vino y de la flor. Nos deseamos mucho más hondo y hoguera, cuando nos hemos disparado a matar. Después de traicionarnos nos somos taberna que no cierra en los hombros del Sol. Y renace el amor y la pasión nos vuelve tan fuerte como cuando éramos dos desconocidos.