Ardidos

Hoy he estado distraída escribiendo pedazos de mí en la fragua que hierve el ocaso cuando hemos venido de la guerra y ya no hay casa. He encontrado esas grutas del revólver y del fracaso, de mi herida desnuda entre las hormigas, de mi cansancio chocando con incognoscibles vértebras de lo que aún me alza y me tira. Es momento de mirar de frente mi miseria, de resistir, de salvar lo que aún ama. Luego vendrá el perdón y podré protegerte del yo que hoy te mata. Podré aislarte dentro del blues, cuando la cerveza no pregunta quién se quedará, cuando nada ha dolido porque todo lo hicimos por fuego y por trompetas de payaso cuando la medianoche estaba sola. No pude quedarte en la fe. La tiza de mi vagabunda te borró en el amor de un perro que aguantó mejor la letra y el cuchillo. Era lo mejor. No te dolerá. No te dejará un hueco cuando te abraces desolado a la lluvia. Quizá algún día puedas sonreír a mi cadáver con el amor que no me diste en la tierra. Y eso será suficiente. Sonará esa canción, los dos como cascadas de fuego nos deslizaremos en el abismo, nos arrancaremos la espina, la luna brillará para los dos, el viento rugirá montañas que recorreremos sin nosotros, y el mismo pájaro abrirá los brotes del alba en los sueños que nos hicieron hermanos. Y entonces nos amaremos. Y todo habrá sido perfecto cuando sin raíces ni motivos abordábamos el exalto como una plegaria, como un suicidio.
Ahora tengo que dejarte en el espacio de las cosas muertas. Repelerte con la flor que me saluda. Con la música que me mueve. Tomarte veneno en los peldaños. Error en el piano. Mal en el cielo y en mi piel. Jamás entre los juegos del vino y de la soledad. Rencor en el óleo que tritura las fechas cuando se ahogan los rostros en el riego que desértico hace verde la voz. Un día, no importará lo que hicimos al vacío junto a esos filos de cumbre derribada. Y te amará en mí lo que ama. Y te aferrará a la canción que me quitó la sed cuando no habitaba ninguna vida, ningún motivo. Cuando como tú vagaba la crueldad de la tormenta y sólo quería literatura y canto que acallara el quebranto de las bestias.