Ardidos

Hoy me tiño de collage de vapor y hambruna.
No soy yo cuando abro la puerta y cruzo entre esos ojos, para-rayos y espina, y me voy, lluvia estanca y precipicio.
Soy todavía la sombra de una sombra que no enseña el pico del pájaro. Sospecha de un naufragio que no declaró a sus ahogados.
Me disfrazo con la tristeza de las procesionarias y callo con jaurías el grito que me nombra.
No hablo alto cuando me acorrala un prejuicio. No soy la patada cuando los desechos se desposan en mi hambre. No digo lo que siento, ni siento lo habitable. No bailo las luciérnagas ni el doblar de las campanas.
Voy desaparecida del verso que me busca.
Triste de un sueño que se despeñó en mi costado. Y alumbra en los difuntos la vida que queda. Resplandezco ceniza hacia su vuelo. Aunque hoy nada sabe cuánto mío pongo en seguir viva.