Hoy no he escrito casi. Arrastro huellas desvencijadas en el roer del grito. Él se ha vuelto una obsesión del rostro perdido del firmamento, del tren que no tomé, del rencor del vino entre los pianos. Y pasan las horas siendo un tormento para la literatura. Hay días zorros de la palabra que no alza los motivos y del sueño que no halla el cuerpo donde amar. Cuando no escribo alguien de mí se hunde en las arenas movedizas de los caminos que ya no parten.