Ardidos

No cantaré al barro.
No están calientes mis manos.
Las aves no traen acuerdos, acuchillan mis distancias en el viento que brota contra las orillas.
Mi desesperanza se ha vuelto vanidosa de los caminos tiroteados en el vacío.
Mi lobo ha vuelto a ser extremo del poema amasacrado en el barco sin tripulantes ciego y alto del mar.
He hecho lo que jamás hubiera hecho cuando las mariposas trenzaban el valle en el vino. Si antes de eso, no llevara un pájaro muerto en el pecho. Si lobo no hubiera tenido que devastar mi casa. Si el sueño hubiera llegado hasta tus labios. Si ese baile de disfraces no hubiera obligado a mi hierro a tirarme humo entre los balcones.
No es bonito hoy el cuento que me trazan las nubes.
No le des pan a un animal herido. Cuando la guerra baja por el río, carga la pistola, no vendas flores de plástico. Obliga al extremo a esnifar los templos clandestinos que nos dan la palabra y la muerte.  Obliga al final a correrse sobre las tumbas. No alargues el baile de los que se marchan despedazados porque no tienen nada más que el error y boquete para beber de los senos del mar.