Ardidos

Todavía no están las palabras. Me despierto con un pez espada revolcando los cajones. Han venido nuevos sentimientos de amor-cadáver, un reencuentro con lo que fuimos asaltando cráteres y perdiéndose en un grito neandertal. Quedarán en paz los versos ha medida que el fuego los consuma. Todavía es demasiado ancho el hueco que te acoge. Fueron muchos instantes de abordaje e infinito que necesitan la alquimia de la muerte. Lloverá encima. Es inmensa la noche estrellada. Bajo tu hambruna no bailan los lobos. Era demasiado precario tu beso para entregarme. Siempre buscamos en otros brazos el amor y la fe. Volvíamos a nosotros parias y escépticos del cielo que no se dejaba tocar. Cansados del abismo, borrachos del ir sin hacer pie ni conocer la paz. Te equivocaste con mi vagabunda cuando cambiaste de sitio el grito de las estrellas. No me hubiera molestado nada porque me iba sin porvenir y puerto, pero que cerraras tu mano a los perros, te cerró mis piernas para siempre.