Ardidos

Ahora busca las palabras. Me siento una pieza de soldadura en las manos de un trompetista esquizo que ciaboga de luna cuando los ríos alcanzan el vientre donde te alumbraron erosión de piedra y llama viuda.
Lo que me ocurrió pertenece a lo extraño, al reino donde los psicóticos dibujan a martillazos la lágrima que entregarán entre cartones a sus cuencas vacías, para haber mirado y en tus pupilas, abrir el pájaro que no perderá el vuelo cuando venga la muerte.
Ese extrarradio espinal del hervir del cerebro de Franquestein dibujando a las gordas de botero succionando el río del olvido hasta que en su sequía crezca la hierba. Viene de la enfermedad que los otros me inculcaron, cuando aún era demasiado pequeña para romper sus cabezas. Yo estaba desarmada y quien me daba pan, me daba en él, siglos y siglos de delirio parturiento cuando nadie se atreve a abrir la puerta. 
La razón de la locura, tiene mil obras que la respaldan, incendiadas a ciento volando en el viento que no baja la vista.
Cuando la mía comienza, tiene qué ver con el ensueño. El otro doble de mi miedo me chubasca encima escenarios oníricos que se conectan retorcidamente con mis sentidos terrestres y generan nuevas conexiones que no tienen una vida que las cumpla. Mi inconsciente ya no está donde solía estar, no está abajo, sino arriba, yo me meto en la línea divisoria de lo consciente y lo inconsciente, y me llegan leyendas surreales y carniceras de la experiencia de lo real mecidas por el hambre del Minotauro. Es como si ensoñara despierta. Aunque ensueño pesadillas que me hacen pieza de caza y me entregan a las bestias. Hay otros códigos lingüísticos que nacen de la energía y se traban con la psique reflejando en el cuerpo la flor de las galernas. El miedo es también energía que muerde la multiplicación de sus dominios. Y en esos momentos se vive algo muy extraño y dificil de explicar y de sosegar. Porque el cuerpo, la psique, el ensueño, ocupan una nuevo centro gravitatorio que se entremezcla cuánticamente dándo una experiencia extraterrestre de lo real.