Ardidos

Mis secretos, mis tabús, mis vergüenzas, están en mi sombra, en el sótano del inconsciente. Y para que mi sombra empiece a cantar tengo que sacar al monstruo del armario, atreverme a destruir el orgullo del actor, el alter ego, mi historia personal, atreverme a "confesar" ante la muerte lo que la muerte quiere que la diga y que ella ya conoce muy bien.

Una de las sombras que me agreden es la traición que hice a Tigre con Yos. Cuando actué de forma sumisa. Cuando le di la razón negando la mía. Cuando me sentí agredida por él y no le ataqué. Cuando agaché la cabeza porque quería su amor. Cuando actué como una zorra a cambio de su calor. Cuando le bailé el agua. Cuando tomé el rol de curandera y de " buena cristiana", de abogada de su diablo, de su espejo espejito tú eres el más guapo del reino. Cuando me convertí en una idiota. Cuando traicioné el camino del guerrero.

Esa sombra es muy antigua. Esa vergüenza, la tengo desde que soy niña. Por eso surgió la guerra civil entre Tigre y Alicia. Por eso Tigre era violento y tomaba el papel de justiciero y vengador del Lobo.

En el esquizoanálisis lo justificaria como ambivalencias esquizoemocionales provenientes de mi familia y el entorno, hablaría del maltrato y agresión sexual en mi infancia, hablaría de la domesticación que la sociedad hace contra Loba y su condena a la extinción, hablaría de mi exilio y soledad y hambre, hablaría del machismo, del terrible rol de la mujer frente al "macho alfa" (proveniente del cristianismo y la sumisión). Hablaría en contra de las mujeres de mi familia que quisieron amordarzarme y hacerme a su imagen y semejanza y me demonizaron en la adolescencia por saber aullar y morder. Hablaría contra mi padre,  contra el sistema y las agresiones fascistas y castigos provenientes de la policía, el manicomio y los civilizados que sufrí cuando defendí a Loba. 

Pero no es suficiente. No me salva de mi sombra. Tigre no lo perdona.
No me sirve justificar mi "pecado". No me sirve proyectarlo contra el otro. No me sirve la política. La vergüenza de haber sido sumisa ante un actor, ante una criatura de dos patas, es una terrible agresión contra mi yo profundo. Una traición contra mi alma. Una entrega al demonio. Haber prostituido el conocimiento que yo tenía del Bosque ante un hombre que no había estado en el Bosque para que él me tomara como una de las suyas y me quisiera, es una terrible agresión contra mí que solamente yo perpetré. Y tengo que asumir sin justificaciones ni exteriorizaciones, mi demonio. Tengo que conocer muy bien porqué lo hice. Porqué lo hago siempre que aparece el "amor". Porque el amor a los humanos se muestra como una tumba y mi prostitución de Tigre. Suelo hablar del estigma de Monstruo. De la indigencia de la niña perdida. De mi yo cavernícola que no conocía a nadie y soñaba con el amor de Peter Pan, con el deseo de pertenencia a una tribu (que nunca he tenido) Suelo escribir como alma que lleva el demonio para subsanar esa sombra, para tranquilizar a Tigre, para justificarme, para salvar al "héroe". Pero la realidad es que esa sombra está siempre abierta en mí. Por eso esa sombra, es un "destino" Un pródromo. Un eterno retorno. Una clave chamánica. Y es necesario que acceda a su inframundo y recorra la oscuridad hasta encontrar a la Bestia y meterme en su estómago.