Ardidos

La melancolía te engrulla en efectos en cadena que hacen trizas de benceno en el agujero de la suerte.
Nos da la vida esa luna llena que vuelve a encender tus brasas en el filo. Cuando el aullido vuelve a subir a los caballos del delirio de tu amor y se acuesta con la pleamar ebrio de eternidad. Y luego nos la arranca para llevarnos a la revancha del vacío que envuelve tu cadáver en la soga del cielo a la que vuelven las canciones para que la tierra no me destruya del todo.

Eso nos hace harapientas.
Sólo nos deja dormir la canción que nos mata.
Eso nos une kamikaces al vino y a lo que no existe.

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