Ardidos

Soñaba algo demasiado lejano. Cuando me cuesta recordar el sueño, a veces es porque es un esbozo donde la acción es demasiado sutil y detenida. Lo único que recuerdo es que había un tablero redondo con posiciones astrales y aparecía el nombre de Einstein junto a una hierba.
Ayer estuve mareada y eso me impidió escribir más. Entré en un extraño estado mental donde conecté con mi dolor y muchas regresiones al pasado. Y comprendí que la ira que me hace sentir mi madre, venía de esa yo-niña que exigía al mundo el amor y proyectaba su ausencia en mi madre. Detrás de mi ira había dolor, había ausencia de amor, un sentir de horfandad y de destierro y de autoagresión y odio hacia a mí misma y el reclamo de amor se volvía belicoso. Inconscientemente la culpaba de no haberme cuidado ante los infiernos y abismos que conocí. La culpaba de provocarme más sufrimiento y dificultades y jaulas contra mi libertad y mi destino. La culpaba de no haberme sabido comprender. De sentir que era yo la que tenía que ejercer el papel de la comprendedora y exorcista de los demonios de la familia. De sentir que tenía que cargar las vidas de mi familia como la piedra de Sísifo.

Creo que esa herida con mi madre, se refleja en mi instinto autodestructivo y suicida.
Y se provocan extraños nudos en el pesa-nervios. Yo siempre albergué culpa por mi ira. Y la acusé a ella de hacerse la víctima y la mártir y de generarme la culpa. Porque cuando ella no acogía mi grito por la revuelta de Loba y su anarquía, cuando me desamaba por decir mi verdad, aunque fuera una verdad furiosa y cruel, me hacía sentir odio contra mi misma, me hacía sentir perversa y muy sola.Mi culpa bifurcó a Alicia y a Tigre, Alicia seguía siendo una niña que amaba a mi madre y trataba de protegerla y de ayudarla a evolucionar y la abrazaba y la justificaba y la comprendía y amaba en todo lo que Tigre no la perdonaba, y Tigre era tajante y revolucionario de los motivos del Lobo y no tenía sentimientos humanos. Alicia quería ser buena y amarlo todo pero había perdido el instinto ácrata de Tigre y la verdad de Tigre, porque la relación en mi familia los había separado de mi psique.

La toxicidad, la sobreprotección, el miedo, la neurosis, la anti-lógica, anti-filosofía, caos, adicción al valle de lágrimas y a la tragedia, el chantaje emocional, y todo lo que atentaba contra la anarquía y la alegría del vivir, era algo inadmisible para Tigre y también era algo que ponía muy triste a Alicia.

Como yo sufrí una especie de esquizofrenia, durante unos años yo no formaba parte de la tierra ni de mi familia y para sobrevivir me construía un mundo en el éter, en el agujero del árbol y construí una múltiple identidad para disfrazarme y relacionarme con la superficie.

Mi búsqueda de la absoluta libertad política y metafísica, se encayó en la locura de mi familia y conoció todos los fracasos y perdió todas las batallas.

También es verdad que desde los 12 años empecé a hacerme demasiado radical para poder tolerar la sociedad capitalista. Devoraba libros de anarquistas, de filósofos, de surrealistas, creía en el anarco-terrorismo como única forma de cambiar el devenir del capitalismo y de quitarnos de encima a los carroñeros que se alimentaban de la muerte del pueblo.

A los 18 años lo perdí todo. Me pasé de vueltas. Mi Don Quijote había sido poseído por el éter de los libros. Mi nulo respeto a la autoridad y a la sociedad y mi instinto revolucionario y kamikaze, me llevó a armar muchos jaleos, por la noche me hacía un piel-roja lleno de volcanes, hacia dadá-terrorismo. Eso me provocaba un éxtasis y un sentido de la existencia tan exuberante y tan poco admisible para el mundo que tendría que conocer el destierro de la locura. Sumando a esto las drogas. El no tener amigos íntimos ni conocer el amor. El profundo dolor y guerra que me provocaba mi familia. Y mis contrariedades, mi ateismo frente a mi saber de Fauno, mi anarquismo violento frente al amor universal y el Tao. Mis experiencias místicas y de fusión con el todo y mis metafísicas de la cucaracha de Kafka, del camino del nihilismo, del individualismo y existencialismo radical. Mi yo todo lo amo. Y mi yo contra todo el universo. El metapsiquismo. Empecé a tener visiones y estados alterados de conciencia, y como yo era tan extrema, deseaba vivir la existencia desde ese punto de encaje y el mundo ordinario empezó a parecerme muy aburrido. Eso fue separándome de los humanos. Y fue enloqueciéndome.

No me puse en el lugar de mi familia. Porque en mi adolescencia para mí ellos eran el fascismo que quería arrebatarme la libertad y eran la antifilosofía. Ellos estaban muy preocupados. Pasaban las noches en vela. Muchas veces tuve comas etílicos, peleas. Tenía dentro tanto fuego, ira, dolor y ansias de libertad y de conocimiento y de actos, que era un animal.

Y después de los 18 fue aún peor. Porque mi metafísica se unió con los perros de diógenes y los naguales y lo raro de lo más raro. Y me hice antisocial. Y luego empezó la guerra contra la psiquiatría, la esquizofrenia, los arrebatos de dinamita. Mis intentos de suicidio. Y también siguió la guerra contra mi familia. Mis huidas de casa. Las peleas a puñetazos con mi hermano. Mis planes para irme a vivir a un bosque o a las vías del tren o a México, sentir que ellos eran los causantes de mi más profundo dolor. El estramonio. El hachís que me sentaba tan mal. Escándalos públicos y belicosos que acabaron con la policía encima y luego en el manicomio.


Hasta los 25 o 26 años, no encontré el equilibrio. No conocí la felicidad.

Y si para mí ha sido muy difícil tener una familia como ellos. Para ellos también ha sido extremadamente difícil tener una hija como yo. Por eso tengo que aprender a relativizar y ponerme en su pellejo, bajar el hacha de guerra y no proyectar mi ira en mi madre. Ella siempre me amó y trató de protegerme a su manera, pero era muy difícil amar a alguien como yo era entonces.

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