21 de febrero de 2021

 Soñaba algo sobre una fuerza del ser que se proyectaba en el espejo.. y tomaba dos direcciones, mientras otra también hacía lo mismo desde un espejo paralelo.. y el ser se veía a sí mismo desde esos dos espejos que se entremezclaban.  Y justo antes de despertarme... una voz decía; ya no tengo hogar.. hay que conseguir un hogar.

Se acumula estos días.. una fuerza triste del nigredo. El miedo a perder la alegría y la fe que me había dado la mar.. el miedo a ser prisionera. Y la sensación de que la escritura ya no me conoce. Me cuesta conectar conmigo, con los procesos internos.. y siento una angustia desestabilizadora que no se desvela.. no tengo la misma capacidad introspectiva. Mi espacio de escritura.. me saca de sí a través de la angustia. Ya no tengo esa sensación de la protección y la inmensidad del agujero del árbol.. estoy tensa y ha reaparecido el dolor que ya no me hería en la mar.

Expresar esa zona del quebranto y la desesperanza... me es una forma de asumirla y transformarla. No es bueno reprimirla porque si se vuelve sombra.. crecerá y seré impotente hacia su desgarro. Fue muy abrupto todo. Y ahora al despertar.. el quebranto está mucho más abierto porque aún no tengo la piel que me proteja. Y emana en mí.. y mientras lo escribo, busco otro movimiento que invierta su contenido. 

Ayer fue un día muy extraño. Trato de dejar que esos cantos trágicos y obtusos.. ardan y se vayan. Que no regresen a la metafísica.. que no surja la duda que pone en duda al baile y a la respuesta animal. Que no se vuelvan una obsesión que busca la certeza, y al buscarla la pierda y se embrolla entre tantas direcciones y probabilidades de conciencia y de ojo que se acaba inmovilizando y tensionando hacia la zona oscura del absurdo.

Yo era alguien que sólo caminaba hacia lo Imposible y me nutría de la naturaleza y del éter. Y ahora voy hacia el mismo sitio hacia el que iba.. pero ha desaparecido el camino... y la violencia del 3D... me hace sentir pólvora...