20 de febrero de 2021

 Salí por ahí con Kavka bajo la lluvia. Y aquella discusión donde expresé lo que captó mi sombra y embestí y saqué mis balas y no retrocedí.. provocó en mí una catarsis.. una liberación de una parte del ser que solía mantener oculta hacia la superficie, una voz que solía alejar y expresar sólo en las lágrimas de los tejos y en la bruma.. y al sacar mi rabia, y liberar mi verbo oscuro, al volverme salvaje, se movió dentro de mí lo más oculto. Y luego cuando vagaba bajo la lluvia me metí en el parque de las gigantes secuoyas y me senté en la tierra apoyada en el tronco y el árbol me protegía de la lluvia y de todo lo existido... y empecé a llorar... al sentir el dolor de la inocencia rota, del amor de Fauno, de la utopía... perdida en la penumbra. Y conecté con el dolor que me dejó Yos.. con ese terrible frío y desconfianza ante los humanos, cuando aquella desilusión hizo que nunca más volviera a ver el amor dentro de los humanos y dejara de sentirlo en mi mano, en mi palabra, en mi corazón.... y lloré como un animal... lloré por mi rabia, lloré por el dolor... por los niños perdidos.. por la belleza asediada por el capitalismo, por la vida contra las cuerdas. Y mientras lloraba Kavka lamía mis lágrimas.. y la noche y la lluvia, me abrazaba... 

Mucho rato después me di cuenta que se me había olvidado la mascarilla. En ese parque supuestamente sólo se puede transitar sin pararse ni soltar a los perros.. pero yo amo a esas secuoyas y necesito pararme en su regazo.. Y aprovechando que llovía y que la noche nos cuidaba solté a Kavka y experimenté una existencia extremadamente abisal y viva... Nos volví a sentir cerca de la mar. Como si allá donde se embriaga la oscuridad rompieran las olas.