Ardidos

16 de abril de 2021

 He dormido la siesta mucho rato. Y ahora aún estoy flotante y desperdigada. Me jode dormir la siesta.. porque tengo que vivir un proceso de larva de una hora o a veces dos, y si se dan torcidas... ya está perdido todo el día hacia esa fragua de abstractos que se tensan desde el anti-yo contra la lucidez y el acto. Al despertar de la noche.. hay una fuerza que me une amante a la escritura... pero el despertar de la mitad del día.. el sol busca la venganza y me subdivide en un viajar fantasmagórico que destruye el momento que necesito para existir.  

Siento que necesito un lugar de la escritura separado a mi vivencia... por eso quiero retomar la obra de ficción poética. O quizás empezar una nueva. Quiero una cura de soledad. La soledad hace que se eleve la pesadilla de la cucaracha de Kafka y del lado oscuro de la locura y la angustia existencial... se hacen mucho más vividos los procesos de la rareza y de las guerras del inconsciente y las percepciones que tienen el foco sobre lo abstracto y detenido.. por eso la escritura se hace más fuerte, más vital y más profunda. Y tengo ganas de experimentar nuevos registros. Quizás probar con el Teatro. O hacer collage-canción. O otra vez videopoemas. Me jode haber abandonado los videopoemas.. porque me quedé sin el programa para hacerlos. Quizás pueda encontrar algún otro que me acompañe. 

Hoy anhelo ir a mi casa-agujero del árbol con la intempérie como techo. Y ensilarme.. en los óleos y en la vida secreta de las plantas. Trabajar. Desde hace varios años, escribir no me sobre-estimula la concentración o la elevación... me lleva al camino más rápido que me brota.. como escupir y mojarme bajo la lluvia. No me supone un pensar, un subir mis cuestas arriba ni un alcanzar lo que huye o lo imposible. Y estos días me empieza a molestar la abstracción de mi molusco sin hueso. Me jode la pérdida del reto o de ese amor belicoso hacia el canto que queda después de la batalla. Creo que estos últimos tres años.. sentía que estaba a punto de destruirme el chingo, la depresión, la gangrena de las heridas y el asesinato del numen.. y la erótica del combate venía contra el fango y el fracaso y el dolor existencial. Pero ahora ya se me ha pasado. Ya no soy tan seria ni ando tan jodida por los puñales que hunde macabra la belleza. Y aunque material y paisajísticamente nada ha cambiado... mis animus... sí lo han hecho entre las huellas de chocolatina y colibrí de mi espantapájaros. Es tiempo para volver libre a la vida, porque la vieja vida, ya fracasó y murió en paz... sin pedirme la inspiración ni la sangre ni lo que sigue.